Relatos en Cadena

Relatos en Cadena es un concurso radiofónico de microrrelatos que en colaboración con Escuela de Escritores lleva ya (a la edición de esta entrada) 10 temporadas en antena. Una frase de inicio y un máximo de cien palabras para contar una historia que pueden darte la oportunidad de estar en la gran final de Madrid (yo he tenido al suerte de estar allí) y ganar 6000 euros. Estos son los textos que he han llegado hasta el directo de ese gran periodista llamado Carlos Francino, director de La Ventana.


MIENTRAS LE ARROPA
.  VI EDICIÓN. Semana 1. 

―Se oye un rítmico puf puf de fantasmas paridos. Engendros cejijuntos de cabezas pelonas hacen cola en un perfecto orden cerrado al compás de los ladridos de enormes cimarrones ávidos de carnaza que poder llevarse a la boca. Una vez están todos dentro solo hay que esperar el ruido de los cuerpos desplomarse para sentirse orgulloso de haber hecho de este mundo un lugar un poco más limpio.
―No consigo imaginármelo Papá.
―Mañana le diré al sargento que te deje estar allí para que lo puedas ver con tus propios ojos.
―¿De verdad? ¿Y estará nuestro Führer?
―No hijo. Él tiene cosas más importantes que hacer.

FREAK SHOW HISTORY.  VI EDICIÓN. Semana 30. 

La sirena cautiva vomita pulpos de siete patas en la taza del váter mientras la mujer barbuda gruñe exabruptos al gigantón de cabeza pequeña y brazos interminables para que deje tranquila a la mujer mono, que subida al taburete, da cómicos saltos intentando alcanzar el plátano que cuelga de la viga desde la que penden las jaulas del niño pez y la octogenaria embarazada. Izan sospecha que no le ha llevado allí solo para ver el espectáculo. Quizás por la inquietante conversación que le ha visto mantener con el tipo de la garita, quizás porque desde aquel desgraciado accidente tuvieron que amputarle los brazos y desde entonces papá ya nunca juega con él.

POR OMISIÓN.  VII EDICIÓN. Semana 22. 

Le deseé que tuviera un buen turno. De regreso a casa me senté en un banco del parque. Pensé en mi anodino trabajo sin pretensiones y en que había olvidado sacar los macarrones del congelador para la cena; otra vez sobras. Pensé que estaba demasiado lejos de esos años en lo que todo es posible y lamenté no haber sentido esa segunda adolescencia que a partir de los cuarenta hace que te compres un coche grande para ti solo, una Harley Davidson o te apuntes al gimnasio. Eché de menos la gente que no estaba y como cada noche miré hacia el puente que cruzaba las vías.

CASTIGO.  VII EDICIÓN. Semana 24. 

Mientras la impía lluvia borraba la rayuela de las aceras nos limitamos a esperar. Los parques anegados habían devorado los columpios y días después las peonzas se pudrieron. Las cuerdas de dar comba se habían deshilachado pero no le prestamos demasiada atención. Estábamos ocupados, en vano, intentando recuperar las pelotas que el viento se llevaba. Los peluches, ahora ásperos, se amontonaban en ese cementerio de juguetes mal llamado desván junto a otros cachivaches electrónicos que sin motivo aparente quedaron huérfanos de singularidad y habilidades. Al final, cuando el terremoto abrió la tierra y solo se tragó a los niños nos lamentamos, hipócritas, de no haberlo visto venir.

UNA MENTE MARAVILLOSA.  VIII EDICIÓN. Semana 2.  

Como un bigote a lo antiguo, debajo de la nariz ve en el espejo una cola de dragón que asoma por sus fosas nasales. Quizás ayer se pasó con el vodka. O puede que la mujer que le estuvo haciendo arrumacos anoche tenga algo que ver, piensa. Regresa a la cama y la mira. Ella duerma aún, pero el koala diminuto que trepa por sus orejas no. Podría despertarla y decírselo, aunque sabe de sobra que acabará gritando por el pasillo como una loca. Y no hay nada que deteste más en este mundo que a los locos; así que manda callar a las voces y se vuelve a dormir.

SIN VUELTA ATRÁS.  VIII EDICIÓN. Semana 19.  

Se dirige a la jaula de los leones para demostrarle cuánto se equivoca. Le señala dentro, no están; y el pequeño empieza a convencerse: el circo se acaba. Papá lo ha vendido y ahora tendrá un trabajo serio, se levantará pronto y vestirá traje; se acabaron los entrenamientos, los saltos, el trapecio, los payasos y los viajes. Con la carpa se irá también su sonrisa, aunque él aún no lo sabe. Dará la bienvenida a la hipoteca, al hablar de política y a la televisión por cable. Cuando le encuentren en el patio de luces dirán que se suicidó. Que estaba deprimido. A nadie se le ocurrirá que solo quiso volar, como antes.

DESTIERRO.  VIII EDICIÓN. Semana 20.  

A nadie se le ocurrirá que solo quiso volar, como antes, y que por eso le sugería ideas extravagantes como lo de cruzar la plaza con una cacerola en la cabeza y una palangana en la mano para arremeter contra mil y un soldados imaginarios; o como lo de esconderse entre tebeos y usar el aburrido diario como cazamariposas con el que apresar recuerdos y buscar hadas de colores con ojos de gato. A nadie, y menos a él: el hombre gris que delante del espejo, al apretar el nudo de la corbata, estrangulaba sin saberlo al niño que un día fue y que seguía atrapado allí dentro.

DEONTOLOGÍA SINGULAR.  IX EDICIÓN. Semana 9.  

Vuelven a dejarlos debajo de sus camas, sin balas. Cualquier precaución es poca. Se duchan, y ponen la lavadora. Miran por la ventana, ojo avizor, y al amanecer retoman sus vidas. Si se cruzan con alguien por el rellano sonríen con generosidad y saludan solícitos: ¿Qué tal está hoy, señora María?. Primera parada el contenedor, hay que deshacerse de la ropa manchada. Luego, rutina. Son gente respetable: de café y croissant; de jornada laboral y mirar las noticias. Por la noche, infusión, la cama y a soñar con un mundo mejor. Mañana no se trabaja. El domingo los sicarios descansan. El día de Señor, no se mata.

RELATOS CON BANDA SONORA

Durante 3 años, cuando el concurso Relatos en Cadena finalizaba, comenzaba un nuevo concurso llamado Relatos con Banda Sonora. Tres canciones como fuente de inspiración para escribir un microrrelato.

Edición 2015. Canción: Un buen día, del grupo Los Planetas. Relato ganador del concurso.
 ESPERANZA Y EL FIN DE SEMANA

El sol apenas empuja por las rendijas de la persiana y ya ha terminado la limpieza: hizo el polvo, el baño y barrió la entrada. Compró ayer, que a última hora hay menos colas; ahora corta, sofríe y rehoga. Solo se detiene para quitarse las gafas cuando se empañan. A las doce arrastra la mesa al centro como puede que los años pesan, y pasan. Aguarda. A las tres, mete una ración de paella en la fiambrera y baja a la iglesia. Para el párroco, piensa. Como siempre le dirá que sobró de la comida familiar. Y el domingo, pasa.