Para siempre

Miró de nuevo la arrugada nota y comprobó la dirección. La carretera adolecía de alumbrado y la noche era cerrada lo que le procuraba no pocas dificultades a la hora de leer el cartelón de la entrada.

Se cerró la chaqueta para ocultar las manchas con las que el idiota del guarda le había salpicado la camisa al recibir el disparo y se acomodó la pistola en el cinturón. El eco de las sirenas acercándose le impelió a entrar pese a no estar seguro de si era el lugar convenido.

La consigna la regentaba una mujer mayor de cutis labrado y verrugas en las manos. Sus ojos verdes conjuntaban con la pátina de moho que asperjaba el papel pintado y su corcovada espalda con las paredes ásperas y extrañamente inclinadas. Arriba se escuchaban gritos. Le recordó de pequeño, en casa.

La vieja le aseguró pese a sus objeciones que su estancia sería larga y puso una bala con su nombre sobre el mostrador. Asustado, se giró para largarse pero ya no había puerta. Reconoció entonces la voz de sus padres y acabó la epifanía entendiendo que las manchas de su camisa, quizás, no eran de la sangre del guarda.

Para www.estanochetecuento.com, julio'2014
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