Incertidumbre

En una isla, en lo más profundo de ningún lugar se emplazaban un puñado de infames que ponían en el blanco de sus chanzas a una rareza andante, a un tipo vulgar de andares desgarbados, sin cicatrices, ni dientes podridos, ni parche; que quería ser pirata, como ellos, y que a falta de loro para mayor mojiganga se hacía acompañar de un perro patán de ojos tranquilos y orejas desfallecidas sobre la cara. Hasta que los ingleses quisieron tomar la playa y perdieron al encontrarse a aquella ralea de holgazanes desconcertantemente sobrios de buena mañana. Detrás de las cabezas de los de la Pérfida rodaron el ron, las carcajadas y la bromas; esas que se van de madre y acaban con el bufón en un hoyo a dos metros bajo tierra con un mal cuchillo clavado de costado. El chucho desde entonces se recuesta en la entrada de la taberna y solo levanta la cabeza cuando sale el asesino de su amo. Menea el rabo, le sigue, disfruta la noche estrellada y saborea el miedo cerval de aquel canalla que al verlo camina ligero maldiciéndolo sin atreverse a separar la mano de su espada; aunque él nunca lo ataca.

Para www.estanochetecuento.com, febrero 2017