Rescate

Mientras los demás niños jugaban yo disciplinaba mi curiosidad sobre el universo importunando el descanso de mi abuelo con mil preguntas. Había sido astronauta, como mis padres, a los que a duras penas recordaba elevándose tras una estela de fuego en dirección al firmamento. De mayor quisieron explicarme los detalles técnicos: el anclaje, un fallo en la Estación… un dominó de fatalidades de las que solo me importaba el desenlace: su transbordador perdido a la deriva con billete de ida a ninguna parte.

Hoy cumplo cuarenta años y ayer nevó. Lleva todo el invierno haciéndolo. Y hoy por primera vez he salido de mi garaje, he desdeñado calculadoras y fórmulas –con el trabajo cumplido–, y he dado un paseo hasta la abandonada plataforma de lanzamiento. He montado la bicicleta, le he conectado los cables, los diodos y he pedaleado hacia atrás. Un copo se ha movido; fue un pequeño espasmo casi imperceptible que se repitió segundos después y que lo agitó levantándolo del suelo y sosteniéndolo en el aire antes de empujarlo con suavidad al cielo.

Sonrío. No pararé de pedalear hasta ver descender la nave. Me subiré con ellos. Y solo entonces dejaré que el tiempo camine por derecho.

Para www.estanochetecuento.com, marzo'2016
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