Quimera

Diluía el tedio buscando formas conocidas a las penumbras que habitualmente rodeaban mi lecho. Ya no recordaba qué fue primero, si la amargura o los martillazos que insistentes marcaban el tiempo. Cuando se abrió la puerta, de nuevo, un soplo de esperanza; y tú a lo lejos.

Quise correr, quise saltar, pero mis pies eran desmañados y solo atinaba a articular metódicos pasos entre sincronías de movimientos de los que renegaba por no ser dueño. Pisé una por una las mismas huellas que otrora había dibujado en el polvo que atestaba el camino, y mis gritos, o más bien lamentos, los ahogó el canto de un inoportuno pájaro que pugnaba por liberarse de las cadenas que impedían su imaginario vuelo.

Quería tenerte, transformar por una vez en abrazo esa efímera mirada que surcaba el aire y sentir el calor que deponían tus besos. Pero con la última campanada la rueda contadera estiró de una leva, y toda una suerte de muelles me secuestraron marcha atrás y con fuerza cuando estaba a punto de alcanzarte.

Te vi marchar girando sobre tu peana: adiós, princesa de mis sueños. Regreso al interior del cuco. Maldigo las horas y lloro esta cárcel, estos hierros.

Para www.estanochetecuento.com, enero'2015. Relato finalista publicado en 'Cincuentos'
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