Pide un deseo

Juan, perdedor, fracasado de la vida y putero de condición, dejó caer sobre la cuna del bebé el aguardiente que contenía el vaso que se aferraba a su mano; aunque borracho como iba, de facto, a la mañana siguiente fue incapaz de recordarlo.

El pequeño salió raro: su madre dejó de besarlo con tres años por esa cerdosa barba con la que también pinchaba a tíos, primos y hermanos; y, en la guardería, le riñeron sin descanso por esa manía de arrojar al resto de párvulos desde una bancada al arenal, donde otros alumnos más normales se prodigaban entre cubos y neumáticos.

El psicólogo prescribió dieran al chaval algo que le distrajera de obsesiones enfermizas, y Juan, desafortunado, marrado hasta la extenuación y de enjundia peregrina, bregado a hostias por la Guardia Civil y envarado como transmutaba cuando algún señor con bigote ordenaba algo, le compró un cañón.

¿El niño? Entusiasmado. Le tricotó un collar rojo chillón, le puso nombre y jugó con él hasta que se hizo mayor. Fue entonces, cansado de que lo señalaran con el dedo, cuando lo cargó de pólvora, se introdujo dentro, y lo disparó.

Mira para arriba; alguna noche podrás verlo cruzar el cielo.

Para www.estanochetecuento.com, abril'2015
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